REVOLUCIÓN CULTURAL

"En el mundo actual, toda cultura, toda literatura y arte pertenecen a una clase determinada y están subordinados a una línea política determinada. No existe en realidad, arte por el arte, ni arte que esté por encima de las clases, ni arte que se desarrolle paralelo a la política o sea independiente de ella. La literatura y el arte proletarios son parte de la causa de la revolución proletaria en su conjunto; son, como decía Lenin, engranajes y tornillos del mecanismo general de la revolución." - Mao Tse-tung

lunes, 10 de febrero de 2014

DAYANHE: MI NODRIZA DE AI QING

Ai Qing nacio el 27 de marzo de 1910 en Jinjua, povincia de Zhejian en China. Se interesó por el arte y la política desde su juventud, uniéndose desde muy temprana edad a la Asociación de Artistas Chinos de Izquierda. En 1932 sería arrestado por la policía secreta y enviado a prisión por sus ideales. Durante su encierro que duraría hasta 1935 escribiría una cantidad considerable de sus poemas entre los cuales se encuentran Dayanhe, mi nodriza, uno de sus poemas más celebres.

En 1945 ingresa al partido Comunista de China (PCCH), y luego en el establecimiento del estado proletario de la República Popular China en 1949 asumiría posiciones de importancia dentro de varias organizaciones.







Dayanhe: Mi nodriza

Dayanhe, mi nodriza:
su nombre era el de la aldea que la vio nacer;
era una novia párvula:
Mi nodriza Dayanhe.

Soy el hijo de un terrateniente
pero fui criado con la leche de Dayanhe:
yo, el hijo de Dayanhe.
Mientras me criaba, crió también a su familia, Dayanhe.
Yo soy quien creció con tu leche
Oh! Dayanhe, mi nodriza.

Hoy mientras miro la nieve que cae, pienso en ti, Dayanhe:
en tu tumba cubierta por la hierba y por los copos blancos,
en las malezas marchitas sobre las tejas del alero de tu
casa abandonada,
en tu jardín de diez pies cuadrados, e hipotecado,
en tu asiento de piedra enmohecido justo al frente de la
puerta,
Dayanhe, hoy, mientras contemplo la nieve que cae, pienso
en ti.

Con tus enormes manos me meciste en tu pecho, y me
calmaste,
después de atizar el fuego en el horno,
después de sacudir las cenizas de tu delantal,
después de haber probado si el arroz se había cocido bien,
después de haber puesto los tazones de fríjoles de soya
negros sobre la mesa oscura,
después de haber remendado las ropas de tus hijos
rasgadas por las espinas en el monte,
después de haber vendado la mano de tu pequeño hijo
cortada con un hacha,
después de haber eliminado, uno por uno, los piojos en las
camisas de tus críos,
después de haber recogido el primer huevo del día,
con tus manos enormes me meciste en tu pecho, y me
calmaste.

Soy el hijo de un terrateniente,
luego de haber tomado toda la leche que tenías
fui devuelto a la casa de los padres que me concibieron.
Ay! Dayanhe, ¿por qué lloras?

Para los padres que me dieron la vida, fui un recién
aparecido!
Toqué los muebles de laca roja con grabados de flores,
toqué el brocado que adornaba la cama de mis padres,
miré mudo la tablilla que decía "Bendita sea esta casa"
colgada sobre la puerta y que no pude leer,
toqué los botones de mi nueva ropa hechos de madreperla
y seda,
vi en los brazos de mi madre una hermana a quien no conocí
en ese instante,
me senté en una butaca laqueada que tenía debajo un
pequeño brasero,
comí arroz blanco molido tres veces.
Aún así, me sentí avergonzado y pávido!
Y es que era un recién aparecido
para los padre que me dieron la vida.

Para sobrevivir, Dayanhe,
después de haber secado su leche,
puso a trabajar sus brazos, esos brazos que me habían
mecido;
sonriendo, lavó mis ropas;
sonriendo, trajo vegetales y los limpió en el helado pozo de
la aldea;
sonriendo, rebanó los nabos completamente congelados,
sonriendo, revolvió los desperdicios en la batea de los
cerdos;
sonriendo, atizó las llamas de la estufa donde se asaba la
carne,
sonriendo, cargó los fardos de fríjoles y granos hasta
afuera para secarlos al sol;
para sobrevivir, Dayanhe,
después de haber secado su leche,
puso a trabajar sus brazos, esos que me habían
mecido.

Dayanhe, tan devota de su hijo adoptivo, a quien
amamantó.
En Año Nuevo, se esmeraba mucho para cortarle ella
misma los dulces de arroz de invierno,
para él, que vendría a escondidas a su casa en la aldea,
para él, que se acercaría a ella y la llamaría "madre",
Dayanhe, debería clavar en la pared de la estufa, su dibujo
de Guan Yu, el dios de la guerra, pintado de vivos verdes
y rojos,
Dayanhe, cómo podría ella jactarse y alardear de su hijo
adoptivo frente a sus vecinos,
Dayanhe, si después de haber soñado un sueño no pudo
contárselo a nadie,
el sueño en el que hacía un brindis matrimonial por su hijo
adoptivo,
sentada en un resplandeciente salón engalonado con sedas,
con una joven y hermosa novia que cariñosamente la
llamaba "madre".

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Dayanhe, era tan devota a su hijo adoptivo!

Dayanhe ha muerto en el sueño del que nunca se despierta,
cuando murió su hijo adoptivo no la acompañaba,
cuando murió, su esposo que a veces la golpeaba, dejó
escapar unas lágrimas por ella.
Sus cinco hijos lloraron amargamente,
mientras agonizaba, pronunció débil el nombre de su hijo
adoptivo,
Dayanhe ha muerto:
cuando murió, su hijo adoptivo no la acompañaba.

Dayanhe, partió con lágrimas en sus ojos!
con sus cuarenta y nueve años, una vida de humillaciones
sin cuento,
con los innumerables sufrimientos de una esclava,
con un ataúd de dos centavos y algunos manojos de paja,
con un diminuto pedazo de tierra para enterrar al féretro,
con un puñado de cenizas de dinero incinerado,
Dayanhe partió con lágrimas en sus ojos.

Pero estas son las cosas que no supo Dayanhe:
que su borracho esposo está muerto,
que el mayor de sus hijos se convirtió en bandido,
que el segundo murió en el humo de la guerra,
que el tercero, el cuarto, el quinto
viven aún vilipendiados por sus maestros y amos,
y yo -que escribo condenaciones de este injusto mundo.
Al regresar a casa, en las montañas indómitas,
luego de vagar sin rumbo un largo tiempo,
cuando vi a mis hermanos, estuvimos más cerca de lo que
lo estuvimos 6 o 7 años antes,
esto, es lo que tu, Dayanhe, calmadamente dormida y
en reposo,
esto es lo que tu no sabes!

Dayanhe, hoy tu hijo adoptivo está en la cárcel,
escribiendo un poema de alabanza, dedicado a tí,
dedicado a tu espíritu, sombra púrpura bajo el pardo suelo,
dedicado a tus lagos brazos -los que me abrazaron,
dedicado a tus labios -los que me besaron,
dedicado a tu rostro, tibio, suave, del color de la tierra,
dedicado a tus pechos -los que me amamantaron,
dedicado a tus hijos, mis hermanos,
dedicado a todas aquellas que viven en la tierra,
 las nodrizas como mi Dayanhe, y a todos sus vástagos,
dedicado a Dayanhe, que me amó como amó a sus propios
hijos.

Dayanhe,
yo soy el que creció mamando de tus pechos,
tu hijo.
Con todo mi amor
te rindo este homenaje.

En una montaña nevada,
14 de enero de 1933

Traducido por
Fernando Barbosa

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